lunes, 23 de junio de 2008

ETAPA 12 - SARRIA - SANTIAGO - FIN DEL CAMINO!


Etapa 12 – Sarriá – Palas de Rei - SANTIAGO – 115 km – 9 horas 45 minutos. Velocidad media 15.6 km/h.



“A veces olvidamos con demasiada facilidad que somos dueños de nuestras vidas. Que nosotros decidimos siempre… Y que si no lo hacemos no podemos culpar a nadie más que a nosotros mismos”. Este pensamiento lleva días forjándose en mi cabeza, y hoy no para de rondarme, como buscando concreción.



A medida que he ido avanzando por el Camino, me he ido sintiendo cada vez más fuerte. Física y mentalmente. Siento cómo mi confianza para superar obstáculos, para no desfallecer, aumenta cada día. Cada minuto. Soy DUEÑO de mi vida. Por primera vez estoy tomando decisiones en las que el objetivo principal es VIVIR, y no anticipar futuros o combatir pasados.


Al mismo tiempo me siento muy humilde, porque he tenido la oportunidad de ver gente excepcional, haciendo esfuerzos extraordinarios, movidos por una motivación y una tenacidad a prueba de bombas. Cada uno de ellos haciendo SU propio CAMINO.


Hoy llegaré a Santiago. Final de este Camino.


El Valle del Xil me sumerge en la Galicia que huele a prado, a horno de leña, a ganado. El aire está impregnado de eucalipto, que me envuelve. El viento en aumento, me trae aromas frescos y familiares de Atlántico.
El embalse de Belesar, aprisiona al Miño, y desplaza montaña arriba al pueblo de Portomarín. El puente original del Camino se puede todavía apreciar bajo el agua.


Me lo tomo con calma. Tengo que disfrutar de estas últimas horas de esta intensísima experiencia. Recuerdo en este momento a todas las personas que he ido conociendo a lo largo de estas casi dos semanas. Sus comentarios, expectativas, motivaciones, dudas y certezas. Mi propio recorrido interior y exterior. Josep, ya comentaba desde el segundo día, que una jornada en el Camino le deparaba más intensidad vital que varias semanas en su rutina en Barcelona.
Pienso en esa prisa vital que nos contagia a todos, para no darnos nada a cambio. Nos pasamos el día corriendo hacia ninguna parte, con una consecuencia clara. No vivir – o al menos no hacerlo con intensidad (qué otra cosa puede ser VIVIR si no?). Me sonrío cuando me viene a la cabeza el slogan de Camper: “Walk, do no trun”. Lo que en principio era una contestación a las campañas hiperactivas de Nike, hoy podría ilustrar perfectamente esta opción vital.
Paradójicamente, a medida que reduzco la prisa, y me concentro en este ritmo pausado, de paladeo lento de la realidad, se me hace esta más rica. Mucho más intensa y repleta de matices y dimensiones hasta ahora desconocidas.


A partir del kilómetro 45, los sucesivos afluentes del río Ulla parecen ocuparlo todo, y transforman la ruta en una constante montaña rusa. Sube hasta la cima del monte y vuelve a bajar hasta el cauce del riachuelo, bajo un dosel de eucaliptos y pinares. La mayoría de los cursos de agua nos vemos forzados a pasarlos con Rita al hombro, haciendo equilibrios sobre resbaladizos pedruscos colocados en medio del cauce.


Al hilo de las reflexiones anteriores recuerdo las conclusiones del filósofo italiano Giacommo Marramao, que propugna la necesidad de retomar el tema de la EXPERIENCIA, como la capacidad de vivir intensamente cada cosa que nos ocurra en el presente – AHORA! – y no simplemente en el sentido banal que le damos hoy en día a conceptos como felicidad o alegría, en la mayoría de los casos con una gran componente de alienación. Marramao entiende la FELICIDAD como la capacidad de hacer experiencia intensiva de TODO, incluso del dolor. Y se lamenta de que todos vivamos prisioneros en esta cultura de la prisa. Qué apropiado!!!


El viento aumenta de intensidad a medida que avanza el día. Deben ser quince o veinte nudos por la proa, que en un terreno menos accidentado sería muy incómodo. Aquí no paro de hacer kilómetros parapetado tras las colinas en las subidas, y los muros de eucaliptos en las bajadas.
Me acerco al Monte del Gozo – que recibe su nombre del éxtasis que sentían los peregrinos al ver, por fin, las torres de la Catedral de Santiago en la distancia. De repente, en medio de tanta mística, un avío de Easyjet que aparece y se eleva veloz de entre los árboles. Me ha roto todo el buen rollito. Sí. Este es uno de los últimos destinos del low cost, y supongo que además de llevarse peregrinos a casa, nos debe inundar Santiago con fiestas de despedida de soltero/a de pandillas de ingleses.


Intento apartar este manotazo de realidad y tras un denodado esfuerzo, consigo sumirme otra vez en mis propias reflexiones. Las conclusiones del final del viaje.


Pienso en Alfie, y en su mezcla de extrañeza por las motivaciones que me pueden llevar a hacer este viaje, y al mismo tiempo una cierta admiración. A ratos llego a pensar que incluso un poco de envidia, pero sinceramente no se si esto sería llevar el tema demasiado lejos. Hay determinados niveles de sacrificio para los cuales, a los quince años no hay atractivo posible!
Pienso en Alfie, y en la conclusión de este viaje que compartiré específicamente con él. El esfuerzo, el sacrificio vale la pena. Esto fuera de contexto podría parecer una monserga de mayores, pero adquiere un extraordinario sentido en este punto del Camino. El esfuerzo. El llegar hasta tus límites y comprobar que tus capacidades van más allá de lo que incluso tú mismo creías. El percibir cómo te vas haciendo cada vez más fuerte, con más recursos. Todo esto tiene un enorme valor inmediato. Ya es en sí mismo una satisfacción. Pero es que además te va armando para sacarle cada vez más partido a la vida. Para poder vivirla más intensamente.
Hay una diferencia substancial entre los valores del esfuerzo con los que educaron a mi generación, y el que yo quiero compartir hoy con Alfie. Vale la pena sacrificarse, esforzarse al máximo para SER. No para TENER. Ser te libera, porque te da opciones vitales. Tener te esclaviza porque te lleva siempre en la dirección de querer más y sólo te ofrece satisfacciones efímeras.


La subida al Monte del Gozo, la disfruto durante cada metro. Lentamente. Es la última subida del Camino. No quiero que se acabe. Noto como Rita remolonea sin disimulo. Después de tantos kilómetros juntos se produce una simbiosis, nos hemos hecho uno, y puedo sentirla sin necesidad de prestar atención. Rita tiene su propio código y sus propias claves, y está claro que si por ella fuera seguiría muchos días más. Comienzo a pensar cuál será la próxima. La Transpirenaica? Los senderos patagónicos que me propone Pablo Mariani?


Esther me espera en Santiago. Este ha sido NUESTRO camino. Los dos lo hemos vivido con una increíble intensidad, y en una comunión física o mental o electrónica, pero desde luego continua. Este ha sido el primer paso de el nuevo camino que nos hemos planteado, y ahora se nos abren cientos de caminos que exploraremos – intensamente – juntos.


En la primera entrada de este blog, confesaba a corazón abierto, mis sentimientos por ella, envueltos en la niebla de la partida, con todo el Camino todavía por delante. Hoy, quince días más tarde, todos esos sentimientos se han consolidado y concretado en imágenes. En alegorías. En metáforas.
Esther es en este atractivo y coherente proyecto vital, la bruñidora de ilusiones, la tejedora de sueños, la forjadora de todo ese andamiaje que sostiene todos nuestros valores y principios. Es la arquitecta de la estructura de nuestro presente, y la decoradora de interiores de nuestro futuro. Ella tiene el código que interpreta nuestras fantasías y las claves para hacerlas realidad. Esther es la dueña de nuestro tiempo, y lo alarga y estira hasta hacerlo eterno solamente con su presencia. Ella es la que maneja con maestría la paleta de colores que define nuestra existencia. Esther es demiurgo y yo resultante resultado.


Me estremezco, y noto la sonrisa malévola de Rita. Le encanta que me ponga romántico. Si tuviera cejas, tendría una levantada, con esa sonrisa de manillar de medio lado que se le pone.


La bajada radical – y pedregosa. Cuidado! – del Monte del Gozo, parece confirmar que esto se acaba y que ya no hay marcha atrás. En cuestión de minutos me encuentro callejeando por el viejo Santiago, que tiene esa vitalidad de las ciudades universitarias, la magia del final del camino, y el encanto natural de sus gentes y su cultura.


Recorro muy despacio el dédalo de calles peatonales que me acercan al OBRADOIRO…
850 km. 12 días sobre la bici. 80 horas de pedaleo continúo. 4 comunidades autónomas. 320 pueblos. Casi 4000 flechas amarillas (o conchas, o patas de oca). Más de 6000 m de desnivel acumulado. 8 puertos de primera o de categoría especial. Y 20.000 palabras en este blog. Todo ello vivido MUY intensamente. Minuto a minuto.


En la Plaza, ante el maravilloso pórtico de la Catedral, me esperan Esther, Alfie y Mamá, que me felicitan por haber cumplido el objetivo. Al poco se nos acerca un vendedor de lotería, a ofrecernos la SUERTE para mañana. A lo que Esther replica espontánea. “para qué mañana si ya nosotros la tenemos toda hoy???”


Se cierra una etapa del Camino, y se nos abren otra mil, que nos pondrán a prueba con lluvia, barro o viento, y nos deleitarán con momentos como el del Alto de Montes de Oca, nos enseñará como en el Alto de Mostelares o nos embrujará como en el Cebreiro.


Y dando una pequeña victoria a la nostalgia, miro atrás a todos estos días en el Camino, y se me hace más aparente el poema que me regaló mi queridísima Ana:


Atrás queda la huella
profunda herida en la tierra
estigma del paso errante
regalo del caminante

Al frente queda el camino;
polvo,
piedra y grama
esperan ser pisadas

Quedan rastros en el alma,
queda la vida marcada,
mientras espera el mañana
la impronta del devenir

Tu rostro, en sus surcos refleja,
toda vivencia pasada,
guarda el brillo en tu mirada
la luz de mi amanecer.


Con la esperanza de que os inspire a todos y con el agradecimiento de corazón por haber tenido la generosidad de compartir este viaje conmigo, y hacerme tanta compañía.


ULTREIA!!!

3 comentarios:

Pablo Mariani dijo...

Alf,
ULTREIA! Me encanto tu blog y creo que vivi con vos buena parte de tus vivencias al leerlo (cuenta eso para acreditar que yo tambien hice el camino? Argentino comodo tenia que ser... siempre escapando al sacrificio)
Cuando, con la sabiduria que solo puede dar el "camino", concluís: "Vale la pena sacrificarse, esforzarse al máximo para SER. No para TENER." yo pienso... sera por que somos SERES humanos y no TENERES humanos?
Cuanto combustible espiritual le espera a Alfie... que lindo.

Te felicito y sanamente te envidio por el camino recorrido y espero que nos veamos pronto y planeemos un viaje juntos (con o sin familia, pero seguramente con, por honor a cuanto nos bancan). Por lo pronto me voy una semana a Las Vegas. Que contraste con lo que acabas de vivir... pero no te asustes.. es por trabajo.

Un fortísimo abrazo, saludos a la admirable Esther (si es la mitad de como la describis ya alcanza niveles celestiales) y por supuesto también a Alfie. Hablamos pronto.

Pablo.

Manu"ciao" dijo...

Amigo
Alguien dijo que el EXITO no es hacer lo que uno quiere sino AMAR lo que uno hace.
Veo que en este largo y tortuso camino, el amor te ha llevado al exito
Felicidades ¡¡¡

Sílvia dijo...

Hola Alfonso,

acabo de recorrer, más bien "engullir" todas las etapas...
Felicidades! no sabes cuánto he disfrutado, emocionado e inspirado!! Y cuánto me van a ayudar tus obervaciones y reflexiones...
Mil besos, y hasta siempre&pronto,
courage!! Sílvia